Saturday, April 19, 2008

Los pies de Mariano Rajoy

Teniendo en cuenta cómo ha terminado la entrevista que el Presidente del Gobierno mantuvo en el día de ayer con Mariano Rajoy, reproduzco aquí el artículo que Joaquín Calomarde, ex diputado del Partido Popular, publicó el pasado día 8. Me ha parecido muy interesante.
La anterior referencia reciente que había encontrado relativa a Rajoy, y que había despertado mi interés fue esa fotografía terrible y mal intencionada en la que al líder de la oposición enseñaba al público sus calcetines roídos. Me acordé del hombre que no se atrevió a decir en público cuánto ganaba. No le llegaba ni para calcetines ¿Qué pensará la pensionista que le preguntó a Rajoy por su sueldo el día que le vio los calcaños a través de las transparencias?
La verdad es que pienso que a pesar de los consejos de Calomarde; a pesar de las sonrisas y del suspiro de alivio que se ha podido escuchar en media España, no me fio de alguien a quien se le han visto tanto las espuelas en los últimos tiempos. Los sonidos, los gestos, las marchas triunfales, quedarán en mi memoria durante muchos años para recordarme cuánto necesita esta España de eso que llaman “derecha”, pero no “esta” derecha que exhibe impudicamente sus abrigos de visón. Nosotros lo que necesitamos es otra cosa, aunque, por favor, que no se parezca mucho a Sarkozy.
Escribo pensando en la paz y en la guerra cobarde de unos pocos en mi país; en los que pueden morir o quedar rotos como un cristal; en los que desean que la paz no la traiga éste o aquél, computándola como un rédito electoral. A mí no se me olvida la contabilidad aplicada. Escribo pensando en las libertades que no tendran quienes sufran el miedo por escribir, por hablar, por pensar. Escribo pensando en lo diferente que podría ser todo si nada volviera a ser como fue.
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Carta abierta de Calomarde, ex diputado del PP, a Rajoy

El lunes se entrevistará con Zapatero: déle su apoyo y el del PP en la lucha contra ETA

Distinguido Sr. Rajoy: Le escribo esta carta abierta sin el menor resquemor personal , y menos aún político. Lo único que lamento es que lo que voy a exponer, no pudiéramos haberlo comentado en la última entrevista que le solicité, antes de mi marcha del Partido Popular, y que Vd, por las razones que fuesen, no me concedió. Lo lamento.
Sr. Rajoy: Vd. es el presidente del PP, un partido democrático de centro-derecha, que representa la voluntad electoral de diez millones de españoles , aquellos que libremente decidieron situar a su partido y a Vd. como su presidente, en la oposición mayoritaria del Congreso de los Diputados. Desde los primeros momentos en que pude hablar con Vd, y han sido varios, le expuse, y Vd. coincidía aparentemente conmigo en la necesidad de centrar el Partido Popular y de llegar a acuerdos de Estado con el Partido Socialista en materias tales como el terrorismo. Sobre esto quiero hablarle en esta carta pública.

Lo hablamos juntos
Vd. sabe, porque lo hablamos juntos, de algunas gestiones privadas que realicé junto con un destacado dirigente del Partido Socialista, a fin de intentar posibilitar una entrevista entre Vd. y el presidente del Gobierno durante las pasadas Navidades. Y también sabe lo que debatimos por teléfono al respecto, y Vd. me manifestó su interés y la necesidad política de establecer caminos de diálogo y de colaboración en los grandes asuntos del Estado con el Gobierno, tal como eran, y hoy siguen siendo, la política antiterrorista y el modelo territorial del Estado.

De nuevo, la amenaza terrorista

Pues bien, Sr. Rajoy, hoy vivimos los españoles una nueva y delicada situación política que tiene como protagonista, desgraciadamente, de nuevo la amenaza terrorista de ETA. Vd, el próximo lunes, se entrevistará de nuevo ( y en sí mismo esa es una buena noticia política ) con el presidente del Gobierno, Sr. Zapatero, para intentar plantear la posibilidad, por enésima vez en esta legislatura, de un acuerdo en torno al terrorismo. Le deseo lo mejor.

Vd., Sr. Rajoy, suele decir, que quiere mirar al futuro. Magnífica actitud. Hágalo. Tiene usted una renovada oportunidad de desligarse de algunos de los elementos más anómalos y perjudiciales para el propio PP y para sus legítimos intereses políticos, tal y como son los extremos que tratan de pinzar su intento de centrar el PP desde hace tres años.

“Vd. los sufre a diario”

Vd. los conoce mucho mejor que yo, y los sufre a diario. Parece que mejor que a otros, ciertamente. Vd. se ha definido siempre como un político pragmático y moderado. Siempre le tuve por tal, y Vd. sabe perfectamente, las opiniones que manifesté al respecto y por escrito durante mucho tiempo a lo largo de esta legislatura. Pues bien, Sr. Rajoy, creo que debe hacer un esfuerzo real , y no sólo retórico, en esta ocasión por llegar a un acuerdo verdadero con el presidente del Gobierno en materia antiterrorista. Déle Vd. su apoyo personal y el del PP en la lucha contra ETA. Olvídese del anteayer, de las descalificaciones, del “tú me dijiste. Y luego no cumpliste lo que me dijiste. Y tú más, que vas pregonando por todo Madrid, que soy un bocazas”.

Dramático momento

Olvide todo esto, Sr. Rajoy, olvídese de los cantos de sirena de esa derecha extrema que le tiene a usted atenazado en el seno de su propio partido y, con su leal opinión por delante, faltaría más, con los argumentos políticos que Vd. desee exponer, trate de llegar a un acuerdo con el Gobierno en este dramático momento de la vida española: sea leal ( como lo fuera con Vd. cuando era vicepresidente del Gobierno, el entonces líder de la oposición socialista y hoy presidente del Gobierno) , democráticamente leal con el Gobierno y muestre a los españoles todos, también a la inmensa mayoría de los votantes de su partido, su talla como jefe de la oposición y como posible presidente de un próximo Gobierno.

“Es de tal gravedad…”

Tiene Vd. derecho a exigir al presidente de España claridad y lealtad con la oposición. Es cierto. Pero no lo es menos, que la oposición que preside, debe esa misma lealtad, no sólo al Gobierno, sino al Estado, al Estado constitucional. Olvide Sr. Rajoy, a esa prensa y a ciertos voceros tan próximos a Vd. que ahora defienden la urgencia de la dimisión del presidente del Gobierno y la convocatoria anticipada de elecciones. Sabe, como yo, que en este momento, sólo la ignorancia, cuando no la ignominia, pueden justificar que se utilice a ETA para dictar el calendario político de la democracia española. Es de tal gravedad que Vd. no podría lógicamente compartirlo como demócrata y como presidente del principal partido de la oposición.

Por el bien de España

Ya termino: le deseo lo mejor, Sr. Rajoy, por el bien de España, por la tranquilidad de los españoles y porque su formación política merece un destacado lugar en la democracia de hoy y de mañana. Le animo, por último, Sr. Rajoy, en esta hora, a no anteponer sus intereses electorales más inmediatos por encima de la estabilidad y la necesidad de concordia y convivencia desde la libertad y frente al terrorismo. Es la tarea conjunta, que desde la lealtad institucional y política, Vd. tiene la obligación democrática de ofrecer al Gobierno. Del modo, naturalmente, que Vd. estime conveniente, con inteligencia y sentido profundo del Estado. Atentamente.
Joaquín Calomarde
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El odio en el papel

Ayer, en el suelo de las limpias calles del centro de Oviedo, era fácil recoger el papel que reproduzco a continuación y que, en el averso y en el reverso contenía el mismo mensaje o, si se quiere, la misma insidia. Hoy, el panfleto podíamos encontrarlo ya en los buzones. Una mano misteriosa se había encargado de distribuírlo eficientemente.

Me parece que sobran comentarios; pero no puedo evitar recordar que ayer, nada menos que un ex-presidente de nuestro Gobierno, sacaba de su ataud al fantasma de la Guerra Civil Española y el peligro de la “institucionalización” de unos asesinos a los que él llamó un día no tan lejano “Movimiento Vasco de Liberación” ¿A quién le interesa que todo vaya mal? ¿Quién quiere que el río revuelto lo anegue todo? Creo que conocemos sobradamente la respuesta.

Esta sociedad en la que vivimos no puede construírse sobre mensajes como el que encabeza estas palabras; ni sobre las conciencias que idean este odio de papel; ni sobre los actos que quieren llevar el fuego a todas las casas y nos llenan de vergüenza. Nadie sobra. Pero … ¡Hace falta otra derecha!

¡Viva la Democracia!

Creo que por primera vez hoy, 11 de mayo, una logia ha publicado de forma expresa su posición en un medio de comunicación perteneciente a la prensa escrita asturiana, La Nueva España. Recuerdo todavía aquellos anuncios que hace ya unos cuantos años, en un pequeño recuadro adornado con un compás y una escuadra, promocionaban a la Masonería sajona y anunciaban la existencia de un apartado de correos. De la misma forma procedimos los que integrábamos la primera Logia Rosario de Acuña, con sede entonces en Oviedo, allá por el año 96.
Pero lo de hoy ha sido algo diferente. Transcribo aquí la voz de esta Logia, la mía, la que lleva el nombre de Rosario de Acuña, que da pasos pequeños, junto a otras en Alicante, Gran Canaria, Málaga, Madrid, Valencia, para un resurgir de la Masonería en España de la mano de una organización con una sólida implantación en Europa, como es el Gran Oriente de Francia, estrechamente vinculada a la sociedad de la que formamos parte y al compromiso con la Democracia y los valores que la sustentan y engrandecen, añadiendo a esa triple divisa histórica con la que se identifica a los masones, al laicismo, pilar básico sobre el que se asienta la libertad, la tolerancia y el respeto a todos.

Respetable Logia Rosario de Acuña
Gran Oriente de Francia

Históricamente la Masonería se ha caracterizado por su lucha en favor de la Democracia y el establecimiento de las libertades, que se manifiestan de modo privilegiado cada vez que el pueblo hace oír su voz en procesos electorales como el que se desarrollará el día 27 de mayo.
La Democracia es una conquista que ha de alcanzarse cada día. Así, intervenir en la vida pública y social es una obligación que nos atañe a todos, un deber ciudadano.
Por ello, la Logia Rosario de Acuña anima a toda la ciudadanía asturiana a participar en las próximas eleccinoes autonómicas y municipales.
Nosotros, los masones, respetamos todas las opiniones democráticas, pero respaldamos decididamente a quienes sostienen posiciones de progreso para nuestra sociedad, avanzan en el reconocimiento de derechos y la consolidación de las libertades públicas, considerando al laicismo como un valor esencial para la convivencia plural de las personas y el respeto a las diferencias. Concluimos esta carta abierta con la aclamación que cierra habitualmente los trabajos de nuestra logia: ¡Viva la Democracia!

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Volver a la Ilustración

Gregorio Peces Barba es, ha sido, y será una referencia básica, elemental e indispensable en la cultura jurídica, humanista y democrática de nuestro país. Este “Padre de la Patria”, coautor de la vigente Constitución española,ha recibido un mal pago de una buena porción de los habitantes de este país, que en el último tiempo se han dedicado al envenenamiento masivo de las conciencias y a propagar la tiniebla helada del oscurantismo.

Frente a eso, Peces Barba ha guardado un discreto silencio, sin entrar a embestir en la arena de nuestro ruedo ibérico, el capote raído del dogmatismo. He aquí una muestra de lo que es un buen hacer y un buen pensar.

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Volver a la Ilustración

La defensa del individuo y de su autonomía moral constituye un desiderátum de civilización que debe ser el objetivo de la pedagogía de la libertad en el ámbito educativo y también en el social y político. Desde la asignatura de Educación para la Ciudadanía, hasta el comportamiento de los profesores, de los líderes sociales y de los políticos, en sus respectivos campos, éste es el fin exigido y debido más universal. Frente a los falsos ídolos, al interés tribal y al fanatismo colectivo como barbarie manipulada, el respeto a la dignidad del individuo, la bandera del iluminismo, que es medida del progreso en la sociedad actual, representa el núcleo esencial de las tareas del porvenir en la enseñanza, en la acción colectiva y en la política para una sociedad bien ordenada. Por eso la vuelta a la Ilustración es una exigencia moral para nuestro tiempo y especialmente para nuestro país. Es la forma de medir el progreso de la humanidad según se produzca el desarrollo de las condiciones morales y de la capacidad de autodeterminación, y es también el máximo deber de la ciudadanía ilustrada, de los profesores y de los políticos responsables.
El diagnóstico de las raíces, esas prédicas radicales del odio y del desprecio del otro, del adversario, de esos comportamientos hostiles oscuros y desaforados y de esas descalificaciones totales y sin remisión, son el primer paso para su condena, su rechazo y para la búsqueda de caminos alternativos marcados por la tolerancia, la amistad cívica y el juego limpio. Su origen está en la falta de respeto, en la no consideración de los demás, en la dialéctica amigo-enemigo, en el oscurantismo, en la pobreza, en la explotación, en las técnicas de envilecimiento que practican medios de comunicación -afortunadamente no todos-.
La Ilustración supuso la conquista de la autonomía moral de las personas y la superación del paternalismo de la teología como gran controladora del pensamiento y de la acción humana. La persona supo caminar por sí misma y toda la cultura de las luces produjo un gigantesco esfuerzo para salir de la minoría de edad y para aprender y saber. Las grandes instituciones políticas y jurídicas del XIX y del XX son deudoras del XVIII. Incluso las corrientes intelectuales aparentemente enfrentadas con el racionalismo iluminista, como el romanticismo, generan líneas liberales y sociales en autores como Victor Hugo o Lamartine, que contribuyen al fortalecimiento de las ideas heredadas del siglo anterior.
Los enemigos de las luces comprenderán el peligro de su difusión y desde posiciones eclesiásticas y contrarrevolucionarias por un lado y fascistas, leninistas y anarquistas por otro, harán todo lo posible para contrarrestar sus efectos, y para luchar contra alguna de sus grandes conquistas como el constitucionalismo o los derechos humanos. Rechazan la idea del hombre abstracto e incluso, como De Maistre, la propia noción de hombre. Afirma éste que ha conocido a franceses, ingleses y alemanes e incluso a persas por medio de Montesquieu, pero que nunca ha conocido a un “hombre”. Creen en la constitución natural de cada pueblo, que marca sus instituciones, y no al revés, con constituciones normativas que marquen a la realidad social. Los antimodernos creen que la realidad natural es la que condiciona a las normas y no al revés, sueñan con volver a la sociedad estamental y al corporativismo y rechazan el protagonismo del individuo. Ese enfrentamiento se produce ya en el siglo XX, con los totalitarismos nazi, fascista y estalinista, con el Estado y el partido de clase como nuevos salvadores, con construcciones ilusorias y llenas de peligros que deshumanizan y arrinconan a la persona. Desde esas premisas organizan el más formidable ataque contra la dignidad humana y contra el liberalismo social e ilustrado.
La salida de esa tremenda crisis de humanidad después de la II Guerra Mundial fue muy traumática e incluso ayudó al renacimiento del Derecho natural, el atribuir al pensamiento positivista la responsabilidad por los trágicos efectos del conflicto, cuando en realidad fueran positivistas como Kelsen, Hermann Heller o Fernando de los Ríos quienes más se enfrentaron y sufrieron las agresiones de los defensores del “nuevo orden”. En el levantamiento militar contra la República española, los fundamentos intelectuales originarios los plantearon casi exclusivamente los iusnaturalistas y las coberturas posteriores también, mientras que positivistas acreditados como González Vicén y más tarde Elías Díaz fueron represaliados y perjudicados en sus carreras académicas; también el autor de estas líneas y otros profesores. Además, el tipo de iusnaturalismo que defendieron era el más clásico y reaccionario de todos los posibles y siguió apoyando a un régimen corporativo, orgánico y perseguidor de las libertades.
Tras la reinstauración de la democracia, se disiparon esos peligros con la Constitución, que ha permitido un régimen político libre durante casi treinta años, aunque no ha estado exento del peligro de recaídas en los viejos modos. Quizás el momento más visible fuera el golpe de Estado de febrero de 1981, aunque no el único. Momentos delicados fueron el uso ilegal de acciones policiales para combatir el terrorismo, en varias etapas y con diversos Gobiernos, aunque el más conocido, con los GAL, ha sido ya resuelto, con serias condenas a los considerados responsables.
También desde otra perspectiva muy diferente resulta muy preocupante el sistemático comportamiento del Partido Popular de oposición radical al Gobierno desde que perdió las elecciones en 2004. Está creando una tensión constante que ha trascendido a la sociedad, faltando al juego limpio y a la lealtad hasta ahora mantenidos en materia de terrorismo. Algunas de las formas utilizadas en esa política recuerdan a tácticas schmittianas por la consideración del adversario como enemigo y por la siembra del rechazo radical y del odio contra el presidente del Gobierno y otros dirigentes socialistas, además de una descalificación general de las instituciones. En todo caso, esa forma de proceder no ayuda al fortalecimiento del sistema y puede contribuir seriamente a deteriorar el clima de convivencia y a la necesaria cooperación política entre unos y otros, mayoría y oposición en cuestiones de Estado.
No sé si será predicar en el desierto pero hay que restablecer el clima de la cultura política ilustrada y abierta y superar la insoportable tensión que genera principalmente el Partido Popular. Quizás sólo con los resultados de las elecciones autonómicas y municipales primero, y generales después, se podría volver a la normalidad. En todo caso sería deseable cambiar cuanto antes el clima, pero de verdad, no con fingimientos ni mentiras, ni con un comportamiento real destructivo y con unas palabras contradictorias que pretenden simular moderación. Sería deseable que todos pensasen en ello y, sobre todo, que pudieran actuar desde las buenas reglas del juego limpio.

Gregorio Peces-Barba Martínez es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid.

Arriba y abajo

Quizá esta sea la clave a tener en cuenta; quizá no sea tan importante el dogma ideológico con sus correspodientes revisiones y adaptaciones al tiempo en que se vive; quizá todo sea más sencillo y baste con saber que las distancias verticales entre unos y otros, son las distancias que verdaderamente importa eliminar. Aunque estoy seguro de que también habrá quien considere que esos empinados y difíciles espacios son un mal necesario e inevitalbe. Ahí lo dejo para la reflexión de cada cual. A mí me ha parecido de un gran interés y he querido compartirlo.

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La piel del cordero

Mañana, la extrema derecha se concentrará delante de las puertas del Teatro Campoamor de Oviedo, usando como pretexto el día Internacional contra la Esclavitud Infantil. Utilizan como reclamo la imagen de Iqbal Masih, niño asesinado por las mafias tapiceras pakistaníes en abril de 1995. Convoca la concentración el Movimiento Cultural Cristiano, que reclama la figura de la víctima como mártir de la confesión religiosa. El citado movimiento además está ligado a un partido político cuyas pegatinas impregnan los puestos telefónicos y alguna que otra pared: SAIN. También son responsables de la publicación AUTOGESTIÓN, donde se pueden encontrar unas cuantas soflamas que dejan claras muchas cosas sobre la línea editorial. Quien vea Oviedo empapelada ya conoce qué hay detrás de tan inocente convocatoria.
Esta es otra de esas tapaderas tras las cuales se esconden las peores posiciones, en este caso además adornadas con un tufillo confesional y dogmático difícil de digerir. Quién podría pensar que tras un inocente cartel se encuentran los peligros de siempre. Sin embargo, nada se escapa a la pesada y torcida mirada: Ni la masonería, ni el laicismo, el socialismo o las fuerzas sindicales. Otra vez, una más, la religión se sale del riego y quiere gobernar a la sociedad civil.
Todos sabemos que cuesta mucho dinero poner en marcha una campaña publicitaria e inundar una ciudad de cartelería es muy caro. El Movimiento Cultural Cristiano, sin embargo, realiza diversas pegadas de sus anuncios a lo largo del año. Quiero ser mal pensado: ¿Nos preguntamos de dónde sale el dinero para pagar todas estas cosas? Y es que desde que pasó aquello de Gescartera y tantos monjes y monjitas perdieron sus ahorros con el timo de la estampita, ya no puedo evitar pensar con toda la negatividad posible si el Arzobispado sabrá algo de las malsanas mezclas de religión y dinero ¡Aceite y agua!
Ahora que ha saltado un nuevo escándalo en torno a una entidad como Intervida, responsable supuestamente de desviar el dinero de apadrinamientos a operaciones inmobiliarias en varios países de América, y que además parece que ha obtenido el favor de un destacadísimo miembro del Opus Dei como Jesús Cardenal, antiguo Fiscal General del Estado, surge la preocupación por el control a que deben ser sometidas determinadas entidades que manejan recursos que, directa o indirectamente, provienen de una ciudadanía anónima y muchas veces -la gran mayoría- bienintencionada. Bien estará que empecemos a saber quién convoca realmente una concentración, o en qué se gasta el dinero que reciben las confesiones religiosas y todo el entramado de organizaciones paralelas que existen en torno a ellas. Bien estará también que todo el avispero de asociaciones, gerentes, directores técnicos, voluntariado real y supuesto, esté sujeto a las leyes de una forma real, y que los servicios de inspección de una Administración Pública que hasta la fecha no da a basto, comiencen a tener una intervención efectiva y a dar a la opinión pública una información real de lo que se esconde detrás de cada ente que, cubierto con una suave piel de lana, esconde muchas veces un auténtico depredador.

Masonería y Comunismo en España ¿Vidas paralelas?

Hace ahora treinta años, con la respiración entrecortada, un locutor de Radio Nacional anunciaba que el Partido Comunista acababa de ser legalizado en España por el Gobierno de Adolfo Suárez. Aquél sábado santo, sábado rojo, como fue conocido luego, marcó el paso fundamental en la consolidación de un proceso político y social conocido como transición y que, hoy, unos critican y otros alaban por motivos diferentes y también abundantes.

Sea como fuere, en aquellos años los procesos de legalización implicaron el regreso de muchos exiliados, la aparición en la escena social y política de organizaciones desaparecidas y hasta desconocidas ya por una gran parte de la ciudadanía -caso de la masonería-, y también la culminación de una larga batalla dada a la dictadura y que, finalmente producía el fruto más esperado: la recuperación de la democracia.

Sucedió así con el “el Partido” y también con la masonería, reinscrita en los registros del Ministerio del Interior en 1978. Ambas fuerzas habían sido objeto de una persecución implacable: en 1941 Franco había organizado su particular máquina de terror para la “Represión de la Masonería y el Comunismo”, hermanando en su persecución a dos “enemigos” que poca relación guardaban entre sí y que, incluso, tenían algo de incompatible desde que la Tercera Internacional, siguiendo las directrices marcadas por Lenin y Trotsky, habían declarado la imposibilidad de ser un buen comunista y a la vez pertenecer a una organización pequeño-burguesa como era considerada la masonería entonces.

No se trata de hacer ahora una suerte de examen comparativo de dos cosas tan distintas. Pero el paso del tiempo me ha hecho pensar en el devenir de estas dos “sensaciones” en las que con mayor o menor intensidad he participado. Recuerdo los tiempos en los que, sin pertenecer al PCE, rondaba sus proximidades, quizá por simpatía o contagio familiar, por convicción formada a partir de alguna lectura, o hasta seducido por una estética y una propaganda bien construídas.
Me encontraba en clase de Derecho Mercantil cuando se hizo por el catedrático -Muñoz Planas- la observación de la importancia histórica del día que en ese momento estábamos viviendo: Acababa de derrumabarse el “Telón de Acero” la noche antes. La sucesión de acontecimientos que se desencadenaron terminó con la desaparición de la bandera roja en las cúpulas del Kremlin. Pero fue en Francia, el contacto con estudiantes checos que habían vivido en el “paraíso”, donde mi particular muro de hormigón armado comenzó a resquebrajarse. Y terminó de caerse a mi regreso, cuando viví la siniestra alianza forjada entre Julio Anguita y José María Aznar; aquello que sabiamente se denominó “la pinza” y que a mí me pareció un entendimiento diabólico y una estrategia completamente equivocada. A todo eso, y un poco de parafernalia, se redujo mi vivencia comunista.

Sin embargo el PCE asumió durante la dictadura un papel clave, siendo el referente de la oposición al régimen de Franco. Quizá muchos pensaron en la posibilidad de que, un día no muy lejano, “el Partido” pudiera aglutinar todas las esperanzas ciudadanas y liderar un cambio social. Pero no fue así. Yo creo que en España el comunismo se desmoronó antes que en Polonia o en la propia Unión Soviética. Pienso que el Partido Comunista, ausente en cierto modo de un país en el que había estado proscrito, no le había tomado el pulso a la sociedad. Liderado por quienes habían sido grandes figuras en otro tiempo, no supo o no pudo renovarse, transformarse y adaptarse a una nueva y desconocida situación. Se equivocó La Pasionaria y se equivocaron todos: Ninguna idea, ninguna obra, pensamiento o creación humana resiste el paso del tiempo invariable. Renovarse o morir.

Hoy, treinta años después de la legalización traumática del Partido Comunista, apenas sí queda alguna referencia testimonial de éste. Incapaz de ser alternativa de Gobierno se desgasta en luchas intestinas, crisis permanentes, y portando un mensaje que sigue sin adaptarse a la realidad y que se petrifica a fuerza de repetir hasta la saciedad los viejos dogmas.

El otro fantasma de Franco, el otro enemigo de la raza hispánica, la masonería, ha corrido en España una suerte diferente a la del PCE, pero también adversa. No siendo una organización política no ha tenido que afrontar problemas de gestión social. Pero tratándose de una entidad cuyo fundamento se asienta, entre otras cosas, en una perdurabilidad en el tiempo que le ha impreso carácter e identidad, y en un acervo de ideas universales a través de las cuales expresa su compromiso con el género humano, no ha sido capaz de recuperar el terreno perdido durante la dictadura.

Cuando en 1941 se creaba el Tribunal para la represión de la Masonería y el Comunismo, la purga ya había sido consumada. Los masones murieron o se exiliaron; los pocos que no fueron aniquilados se humillaron retractándose, perdieron su libertad, sus bienes, sus trabajos, la posibilidad de educar a sus descendientes. Fueron convertidos en nada. La eliminación llegó a tal grado que se aplicaron las medidas de depuración a más personas que masones había en el país. Es decir, se hizo un trabajo de “limpieza” metódico y concienzudo.

Algunos hallan aquí la explicación a la situación actual de la masonería española. Sin embargo, por la experiencia personal y lo vivido, encuentro el recurso a la dictadura y la excusa que ésta brinda un tanto pobre para explicar todo lo que ha sucedido. Cierto es que ha habido que construir o reconstruir desde cero. Es verdad que no quedaron en España cimientos sobre los que sustentar el retorno. Pero de la misma forma encaja también con la realidad la sucesión de confrontaciones y desacuerdos que han hecho imposible reencontrar el origen y la estabilidad deseada a pesar del transcurso de treinta años. A España regresó una masonería maltrecha, inadaptada también al país en el que pretendía asentarse, más preocupada por las cuitas construídas en torno a la recuperación del patrimonio histórico -entiéndase aquí únicamente el patrimonio inmobiliario- que por solidificar su propia existencia; regresó un proyecto en el que las referencias ideológicas al laicismo no existían; volvió algo que había perdido sus señas de identidad, y que se conformaba con una parafernalia en la que se pretendía encontrar la explicación de todas las cosas y recuperar con ella las “secretas tradiciones”. Retornó un cascarón vacío.

Sobre esos cimientos y con esas dificultades ha sido necesario levantar los nuevos proyectos. Algunos se han dado cuenta de que es necesario hilar de otro modo esta complicada madeja, si bien no hacen otra cosa que apropiarse de etiquetas con las que fabricar una imagen exterior, socialmente atractiva. Así, por ejemplo, la masonería española, con independencia de la corriente que siga, se declara mayoritariamente “laicista” aunque en muchos talleres esta sea una cuestión “política” y, por tanto, de tratamiento prohibido. Otros, cansados de esoterismo y ansias de levitación, hemos tenido que ir a encontrar la “tradición perdida” fuera de nuestras fronteras, rebuscando incluso en logias creadas por nuestro exilio o en las que éste, de una forma u otra, dejó su huella, aprendiendo de nuevo y de memoria el mismo sueño que tuvieron nuestros abuelos.

No se trata de lanzar una crítica despiadada contra el trabajo o los proyectos de otros. Pero sí de echar una mirada hacia atrás y reconocer que lo hecho hasta la fecha apenas sí nos ha permitido dar algún que otro paso titubeante. Pocas son las logias en las que el laicismo y las cuestiones cotidianas y sociales conviven con un trabajo de crecimiento interior; tengo la gran fortuna de estar en uno de esos talleres. Pero aun así hay que reconocer que son muchas las carencias; que a esta masonería nuestra le cuesta todavía mucho salir a la calle y poner la cara; que son muchas las contradicciones internas que, amparándose en una tradición que se presume atemporal, surgen inevitables revelando cuánto queda por hacer. La tradición misma, sin embargo, exige saber en qué tiempo nos encontramos y no signfica, ni mucho menos, cerrar los ojos ante demandas crecientes que se hacen con toda justicia y frente planteamientos incompresibles y que devienen incongruentes.

Treinta años es mucho tiempo. Y lo que queda, pasadas estas décadas en España es, en un caso, un sentimiento de frustración, una imagen viva de la derrota de uno de esos sueños de la razón que acaban siendo monstruos. Treinta años después, sin embargo, la masonería, a diferencia de aquel partido político que se convirtió en pesadilla en tantos lugares del mundo y en desilusión en nuestra casa, no puede permitirse el transcurso de más tiempo baldío; de más esfuerzos vacíos y estériles; de más confrontaciones y personalismos. Hay espacio para la existencia de diferentes proyectos, de formas dispares de trabajar pero que, en definitiva no pueden perseguir otra cosa que el “mejoramiento de los seres humanos como de la sociedad”. Trabajo, paciencia y calma
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Siglas peligrosas

¿Ha reparado alguien en que las calles de Oviedo, Gijón, y otras poblaciones asturianas aparecen de un tiempo no muy lejano a esta parte llenas de pegatinas en las que se combinan los colores rojo y gualda, la efigie de Pelayo y un niño rubio y de ojos claros orgulloso de ser español? Se trata de una campaña del partido ultraderechista Democracia Nacional que ha chocado con la buena conciencia política de una gran parte de la ciudadanía: Los reclamos publicitarios aparecen mutilados, arrancados de cuajo de las paredes, inservibles a cualquier fin.

El otro día me avisaron de que entre los diferentes modelos que se han sacado para volver a resucitar los viejos fantasmas, hay uno que nos atañe. Sí, parece que los masones tenemos la culpa del cambio climático. Así lo dice la pegatina en custión. Atesoramos tantas claves misteriosas; tantos resortes e hilos, que hemos terminado por acumular los títulos de propiedad de las compañías petroleras y de las industrias más contaminantes que en el mundo son y han sido… Así que si este verano se empieza a sentir más calor del habitual, ya sabe todo el mundo de quién es la culpa.

Nunca me he preguntado qué ha sido de la extrema derecha española, caída en un cómodo anonimato desde que descarrilara el vagón del poder con la muerte del último dictador que hemos conocido en este suelo magullado. Más o menos he tenido siempre claro que las posiciones en la sombra resultan a menudo mucho más cómodas que los heróicos destacamentos en primera línea, y supongo que tras cuarenta años de nacionalcatolicismo alguien habrá llegado a la misma conclusión que yo. Pero esto sí me ha llevado, ahora que las cosas están tan crespas, a reflexionar sobre la conveniencia de que nuestro particular “Frente Nacional” aflore, abandone sus pseudónimos, y revele su verdadera y transparente identidad. En España no existe una extrema derecha declarada que arrastre un importante porcentaje de votos. Tengo la sensación -somos muchos los que la tenemos- de que la bestia inmunda permanece agazapada en alguna parte, quizá en el corazón mismo de la democracia. Aquí, ya se sabe, todos somos de centro.
No me preocupan las viejas siglas, ni su campaña de pegatinas. Menos me asustan cuando veo que el pobre mensaje es arrancado sistemáticamente de forma rabiosa y metódica. Y no me preocupan las nuevas siglas que van apareciendo: Hoy, por ejemplo, me he encontrado con un horrible cartel de otro pequeño partido de corte ultraderechista que anunciaba su nacimiento con la fotografía de un bebé ensangrentado y recién parido; este “novedoso proyecto” llamado Solidaridad y Autogestión Internacionalista es apoyado desde lugares como www.solidaridad.net . Se trata de otro engendro creado esta vez al amparo de una imagen de compromiso con los más pobres. Muchos de los que me leéis estaréis cansados de ver en ocasiones delante del teatro Campoamor, en Oviedo, o en la Plaza del Parchís, en Gijón, un grupo de jóvenes que, amenizando el asunto con música, distribuyen una publicación que se llama Autogestión; o inundan las paredes en Navidades con carteles recordando que mientras nosotros nos atragantamos en Nochebuena hay un montón de gente que se muere de hambre; o nos recuerdan la necesidad de Justicia Norte-Sur… ¿Quién puede oponerse a esto? ¿Quién puede pensar que tras este mensaje puede esconderse una ponzoñosa lengua bífida?
Pues sí, se esconde. Un pequeño repaso a la página web que indico nos ayudará a encontrar una extraña confusión entre religión católica, política y ataques al Gobierno actual del país. Y si le dedicamos un poco de tiempo veremos que hasta hay un pequeño apartado dedicado a la Masonería, y también alguna referencia a la Asociación de Propagandistas Católicos, de la que aquí nos hemos ocupado en alguna ocasión.
No; como decía no me inquietan ni las viejas ni las nuevas siglas. Al fin y al cabo termina siendo fácil identificar estos planteamientos totalitarios, en los casos descritos anhelantes de protagonismo, por mucho que se disfracen y utilicen como cobertura hasta las causas más nobles.
Pero pienso que sí debe preocuparnos no saber dónde están. Por dónde se mueven. Hacia dónde van. A mí me preocupa no saberlo y tener que conformarme con intuírlo. Y creo que la intuición, como decía antes, será compartida por muchos. Esta es la particular situación de España; tan diferente todavía a la de nuestro entorno europeo, pero donde se puede apreciar que el peligro real existe y subsiste, quizá de una forma tan sutil que el modelo seguido no se ha reproducido en ningún otro lugar. Sómos únicos hasta para vestir al diablo.

¿Qué será de tus hijos, Ségolène?

Como tengo la costumbre desde ya hace muchos años de colocar la radio bajo la almohada, supe de madrugada que Ségolène Royal había superado ampliamente a sus oponentes en las primarias del Partido Socialista francés.
Ségolène tendrá como probable contrincante a Nicolas Sarkozy, ese amigo de Aznar del que ya hemos hablado alguna vez a raíz de sus propuestas xenófobas y racistas en materia de inmigración. La contienda electoral se presenta interesante en la República Francesa. Pero mucho más por las especiales circunstancias que rodean a esta elección: Será la primera vez que una mujer concurra como candidata con posibilidades de éxito a la Jefatura del Estado de la República.
El asunto podría pasar como anecdótico. Pero no lo es. Se trata de Francia. Se trata de algo más que un país; en mi forma de ver y vivir ese territorio próximo que tanto me ha dado, la Francia republicana es una idea. Un ideal de perfección de lo que ha de ser una sociedad democrática.
No se me entienda mal. En muchas ocasiones he hablado de la crisis profunda que afecta a la sociedad vecina; he escrito sobre los defectos que aprecio y he hablado de las taras que se encuentran y que en muchos casos nosotros, españolitos orgullosos, tenemos superadas. Cuando hablo de esa idea me refiero a un planteamiento teórico que en aquel país se desarrolló y que a mí me gustaría se extendiera por el mundo entero, más aun cuando uno ve con qué enemigos tenemos que enfrentarnos quienes defendemos una sociedad laica, liberada de dogmatismo.
Hace ya algún tiempo escribía sobre Clara Campoamor y el voto femenino en España: Un avance, por ejemplo, con el que la España republicana adelantó a las sociedades democráticas europeas incluída la francesa. Y cuando me refería a nuestra conmemoración del sufragio universal pleno señalaba también que este será el siglo de las mujeres.
La realidad es más tozuda que el ser humano. Siempre acaba imponiéndose y guiando nuestros pasos; y la realidad con la que vamos a convivir, felizmente, es la de unas sociedades occidentales en las que la mujer ha ido conquistando los espacios que por razón de género le han sido negados. La educación, el peso de la religión, el sistema de explotación, toda esa amalgama ha arrinconado a las mujeres y limitado su presencia en nuestra sociedad. Pero esto cambiará inevitablemente porque hay una rebelión en marcha. Una rebelión y una conciencia clara de que determinadas cosas han de cambiar: Cuando eso sucede no hay tradición, costumbre, modo de vida, que pueda resistir el viento demoledor.
No hace tanto, en la pequeña carrera electoral del Partido Socialista francés, un oponente a Ségolène Royal llegó a inquietarse por el futuro de los hijos de la candidata ¿Quién los cuidaría? ¿Qué sería de la inmortal Francia si las mujeres salieran de los hogares y rompieran con tantos siglos de dictadura patriarcal? Hasta ese punto han llegado las cosas que en el debate político se han empleado razonamientos tan machistas como el expresado.
Podemos decir que ese tipo de planteamientos está trasnochado y que basta para afrontarlos con no prestarles atención. Pero no es así. Trasnochado es aquello que siendo propio de tiempos remotos se utiliza con peor fortuna en el momento presente. El machismo, la intolerancia, el dogmatismo, no son fenómenos ni muchos menos trasnochados. Son aspectos negativos de la realidad cotidiana que vivimos en nuestro tiempo; son los mismos aspectos que se vivieron hace siglos y hoy. Y hoy se viven porque existe y pervive un sistema educativo y cultural complejo que permite que una parte de la humanidad sea objeto de una mayor o menor opresión. Pensemos en la sociedad europea y en qué situación concreta se encuentra las mujeres; y sigamos pensando en qué sucede cuando cruzamos las doradas fronteras de nuestro querido continente. No nos enfrentamos a algo desfasado en el tiempo, sino a una lacra que tiene sus partidarios y que nos obliga, tanto a estar vigilantes como a ser abiertamente combativos.
Quienes creemos en la Democracia hemos de comprometernos necesariamente con la defensa de determinados valores entre los que se encuentra la igualdad de derechos. Igualdad que ha de existir en todos los ámbitos en los que se desarrolla la existencia humana, sin excepción de ninguna ídole. Por ese motivo me he levantado esta mañana con cierta satisfacción al saber que el mundo puede seguir girando sin que a los hijos de Ségolène Royal les pase nada. A mí no me cabía duda. Saber que además no soy el único que piensa así ha hecho más dulce mi despertar.
No me corresponde a mí hacer un análisis político. Tampoco creo que este ventanal mío fuera el lugar más indicado para ello aunque a veces me resulte difícil deslizarme por esa línea tan sutil que es la preocupación social. Pero creo que vivimos momentos intensos, interesantes y también esperanzadores. Momentos de lucha. Como siempre.
Francia, Francia, ¿sabes qué será ahora de tus hijos?

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La emisora

Durante estos días el trabajo, las idas, las vueltas, subir y bajar, me han bloqueado la capacidad “escribidora” de tal manera que la cara de ese juez del Opus Dei ha aparecido como primera referencia en esta pequeña ventana. Lamento el panorama que he ofrecido en mi pradera verde, pero la vida es así…
A mi regreso me encuentro con el alto el fuego de ETA cuestionado por quienes lo han puesto sobre la mesa; a los de siempre deseando que la tormenta se desate sobre esta desierta llanura; y a la emisora de la Iglesia Católica, la C.O.P.E., ayudando a que el fuego envenenador se propague. Qué flaco favor hacen a la democracia quienes ejercen la demagogia de la palabra y el insulto bajo el paraguas que ofrece un régimen de libertades públicas. Lamentablemente la convivencia en esta sociedad nuestra no es una materia asimilada por quienes, de un modo u otro, comulgan con el dogmatismo o la intransigencia. Pero romper esta resistencia perversa es nuestra batalla.
¿Quién dijo que la libertad ciudadana era un tesoro ya conquistado?
La viñeta de “El Roto” que ha aparecido en la prensa hoy, resume junto con la que el otro día publicaba aquí de Forges, cuál es el panorama político que vive en este momento España en relación con el proceso que se desarrolla en torno a la violencia en el País Vasco. Hay muchas formas de cargar las armas. Hay muchos tipos de armas. Son éstos axiomas bien aprendidos por los hombres y las mujeres, porque la violencia en cualquiera de sus formas y presentaciones es tan vieja como nosotros… Y ya son muchos siglos de aprendizaje en torno a esta oscura asignatura.
A pesar de todo, paciencia, serenidad, calma y ¡Paz para España!

El Poder Judicial o la Justicia dependiente

Que en una Democracia la Justicia ha de ser un poder del Estado, independiente de cualquier influencia, es una verdad consagrada y también una necesidad esencial para que el propio régimen de libertades públicas exista.
En España, sin embargo, hay notas alarmantes que revelan una permanente amenaza a este principio fundamental; asistimos estos días al alumbrado de una de esas luces rojas que se encienden intermitentemente al saber que el Consejo General del Poder Judicial va a posicionarse, a través de un informe, en contra de la próxima reforma del Código Penal, que pretende la prohibición de la clonación humana y el castigo de la misma con penas privativas de libertad.
Todos sabemos que el Órgano de gobierno -o desgobierno- de los Jueces españoles es un aparato heredado, en lo que a sus miembros se refiere, del anterior ejecutivo de José María Aznar. Así las cosas, lo que se ha venido en llamar mayoría conservadora, con su Presidente Francisco José Hernando a la cabeza, ha puesto en marcha de nuevo la máquina opositora que dirige: La reforma del Código Penal pretende suprimir la sanción que prevé para los supuestos de investigación con células madre embrionarias, añadiendo mayor precisión a la redacción del texto y trazando una clara línea de diferenciación entre una materia, que ya es objeto de una completa regulación por una ley específica, y las situaciones de clonación que en este momento, habida cuenta de las posibilidades que ofrece la ciencia, pueden plantearse. Sin embargo, el informe que se anunciará en breve considera que el “no nacido” se encuentra en una situación de desprotección ante el proyecto de reforma gubernamental.
¿En qué consiste la desprotección a que se refieren los togados reaccionarios? pues sencillamente en que a partir de este momento, con la ley en la mano, se podrán utilizar los embriones de dos semanas para la realización de investigaciones biomédicas. Y ¿qué esta sucediendo ahora? Que esos embriones se “pudren” en las clínicas sin poder ser utilizados con finalidad científica.
El problema que subyace en todo esto no es otro que el Consejo General del Poder Judicial no está emitiendo dictamen jurídico, que es para lo que está, sino uno ideológico, que parte de la católica concepción de que el óvulo fecundado es un ser humano. Para emitir este tipo de consideraciones ya tenemos a los Obispos, pero no a los jueces: Este es otro de los matices que pueden ayudar a entender qué diferencia hay entre un estado aconfesional y uno laico. Como puede comprobarse, España no tiene una religión oficial, pero la religión sigue pesando, como ha sucedido durante tantos siglos, en el gobierno de los asuntos públicos por el mero hecho de que quienes son designados para regir los asuntos generales, no son capaces de diferenciar entre sus propias convicciones y ese interés que han de proteger. La cosa se pone peor cuando se trata de juristas que han de aplicar las leyes, y no maquillarlas con creencias íntimas que nada tienen que ver la imagen imparcial que ha de proyectar la Justicia.
El Poder Judicial se va convirtiendo de un tiempo a esta parte en una amalgama extraña, en la que a la prolongación política de la derecha española que está encarnando, se añade la implicación pseudo religiosa de los señores magistrados. A dónde iremos a parar.
Posted by libertad43 in 08:41:45 | Permalink | No Comments »

La paz amenazada

Hacía ya tiempo que tenía ganas de colocar en esta ventana alguna ilustración de Forges; hoy he visto la que más me ha sorprendido en los últimos tiempos, y que mejor se ajusta a la realidad que vive nuestra triste casa.
Ya lo decía Machado, españolito que vienes al mundo, te guarde dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón. Y en los últimos tiempos la España negra me hiela hasta las entrañas.
La viñeta, para quienes se asoman aquí desde otros países, representa a la paz amenazada.
El proceso de paz abierto en marzo con el alto el fuego permanente de E.T.A. vive, tal y como se anunció entonces, momentos complicados: De una parte aquellos que conciben el fin de la violencia como un tanto electoral perdido, y quieren evitar a toda costa que cese el ruido de las pistolas; de otra, aquellos que acostumbrados a la dialéctica de las armas dicen estar oprimidos por el Estado de Derecho. Forges representa a estas dos versiones de la pestilencia siempre con los mismos personajes; la boina para descerebrados pistoleros, y las gentes de orden a la vieja y nueva usanzas: engominados unos, señores de negocios; y adornados otros con un bigote-cepillo, como los del generalísimo, y gafas modelo “coup d´état”. Entre todos la mataron y ella sola se murió.
Espero que la paloma no equivoque esta vez el vuelo y sepa librarse de las fauces de tanto totalitario.

Rajoy y el laicismo


Hace pocos días escribía aquí acerca de la distancia abismal que mantiene la derecha española con el concepto de laicismo. No sé si la fuerza conservadora se confunde con el anticlericalimso o, como tantas otras cosas, acaban identificando un elemento esencial del Estado Democrático con una pretensión única y exclusiva de las fuerzas políticas situadas a la izquierda. No es, no debería ser así.
Al margen de lo anterior también señalaba que se echa de menos, sobre todo en esta etapa, una posición política más madura, más acorde con los tiempos que corren y, si se me permite la expresión, “más centrada”.
Con lo que está cayendo no tengo ya ninguna esperanza en que algo vaya a cambiar a corto o medio plazo. Y no tengo tampoco la mínima duda de que mientras las cosas sigan como hasta la fecha, y la dirección popular no sea capaz de superar la transición que aun tiene pendiente, nada habrá que hacer con el laicismo, ni tan siquiera soñar que pueda existir una derecha capaz de discernir lo público de lo privado, en definitiva, las creencias íntimas de cada persona y el interés general.
Y digo todo esto a raíz de la intervención de Mariano Rajoy en un curso de verano organizado por la Universidad Rey Juan Carlos, y dirigido por Antonio Cañizares, cardenal de Toledo y uno de los brazos armados de Don Benedetto.
Mariano Rajoy no tuvo empacho alguno en afirmar que, “tanto el laicismo como los fundamentalismos religiosos son enemigos de la libertad, y si logran imponerse, conducen inexorablemente al totalitarismo“.
La frase fue pronunciada en el marco de una reflexión sobre la situación actual de la educación religiosa en España. Como ya se sabe, en este momento nos encontramos en plena zozobra por lo que pueda pasar con la asignatura de religión en las aulas. La derecha quiere que se siga impartiendo, mientras que el Gobierno parece que alberga la pretensión de evitar que compute en el expediente académico, y que quienes no quieran asistir a la sesión de adoctrinamiento no tengan que realizar una asignatura alternativa obligatoria de otra naturaleza. La consecuencia inmediata de esta pretensión gubernamental puede ser el desplome de la clientela escolar, pero digo lo de “parece” porque a estas alturas no sé muy bien lo que va a pasar.
El caso es que no pude evitar, ante la frase de Rajoy, pensar que Francia es un estado totalitario ¿Por qué? Pues porque en Francia, desde marzo de 1882, existe una ley (la Ley Ferry) en la que la enseñanza religiosa ha sido excluída de los colegios de titularidad pública. Ya no hablo de la ley de separación de iglesias y Estado, de 1905, porque eso para Rajoy debe ser algo así como el “Mein Kampf”.
Y pensando, pensando, uno llega a la conclusión de que España va con más de cien años de diferencia, llamémoslo retraso sin rubor, respecto a su precipitación en brazos del “totalitarismo laico”; y que es triste y decepcionante que una ley de 1882 resulte demasiado adelantada para un representante político de nuestros días, aunque sea de derechas
Posted by libertad43 in 08:40:31 | Permalink | No Comments »

Cambios en el Gobierno de España


La mañana de hoy nos ha deparado una sorpresa. José Luis Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno, ha anunciado dos cambios importantes en sendas carteras ministeriales. De una parte, Mercedes Cabrera, sustituirá a Pilar San Segundo al frente de Educación. La anterior Ministra, no sé si harta o cansada, tiene en su haber la Ley de Ordenación de Educación.
Una Ley importante, desde luego, pero que a algunos nos ha dejado un mal sabor de boca por diversos motivos. El más importante no es otro que las ventajas dadas a la enseñanza privada y la permanencia de la enseñanza de la religión en las aulas. Bien es verdad que esa permanencia es tan descafeinada que raro será que en el futuro lo que es una materia testimonial pase a ser impartido en lo que es su foro natural: Los centros religiosos. No obstante, de momento, ahí está.
Pero no hay que olvidar que esa Ley de Ordenación de Educación tan protestada por unos, tan denostada por otros, contó con el silencio cómplice de todos aquellos que se llenan de vez en cuando la boca con aquello de “defendamos la escuela pública“. Durante los cuatro meses que duró la campaña contra la ley orquestada por el Partido Popular y su brazo articulado que es la Iglesia Católica , y que culminó con una manifestación en Madrid amplificada por los medios de comunicación de la Iglesia, entre los que está ese recién expulsado y sobre el que hablábamos el otro día, la progresía hispánica fue incapaz de apretar por su lado y plantar cara. Sólo cuando le ley entró en la recta final para su aprobación surgieron algunas voces escandalizadas por la política de conciertos económicos que establecía, pero ya era tarde. Típica actitud de la izquierda española que de vez en cuando da agradables sorpresas, pero que habitualmente vive en el letargo y en la queja permanentes.
Adios Ministra.
El otro cambio importante, el que ha sacudido el mediodía de nuestro país, es el que afecta al Ministerio del Interior. Alfredo Pérez Rubalcaba, hasta ahora portavoz parlamentario del PSOE, se ha revelado como uno de los valores imprescindibles del Presidente Rodríguez Zapatero.
Su gestión negociadora ha permitido sacar adelante el Estatuto Catalán, liquidar el conflicto que planteó la reforma educativa, y permitirá seguramente poner en marcha el proceso de diálogo para la desaparición definitiva del terrorismo de ETA. Ojalá lo consiga.
Sustituye a José Antonio Alonso, que al frente del Ministerio ha realizado una brillante labor. Las redadas antimafia en la Costa del Sol forman parte de un empeño puesto de manifiesto desde el mismo momento en que tomó posesión del cargo. La persecución de las células islámicas o del entramado de organizaciones existentes en torno a ETA, son otra de las tarjetas de despedida de este hombre leal, buen Juez y mejor Ministro.
Pasa ahora a la cartera de Defensa, donde sustituye a José Bono: La imágen mediática y folclórica de este Gobierno en los dos años que lleva de ejercicio. La imágen católica de este Gobierno y que se va porque su hija se lo ha pedido. En su haber la gestión del regreso de nuestras tropas de Iraq, a donde nunca debieron ir; poner luz en toda la ponzoña que había sembrado su predecesor, Federico Trillo, anterior Ministro y miembro del Opus Dei…
Adios Ministro.
Y a los que quedan, mucha suerte, porque se avecinan días en los que las cuerdas se tensarán.

El movimiento Teocon

Hoy, leyendo un periódico, me he encontrado con una referencia a la creación de un nuevo partido político en Italia. Hace unos días también leí algo relacionado con el asunto. Y ha venido a coincidir esto con la reunión del Partido Popular Europeo en Roma, la participación en la misma de nuestro genio particular autonómico que es Ovidio Sánchez, y las reflexiones emitidas “urbi et orbe” por el Papa Ratzinger.
Me interesan especialmente las reflexiones del Jefe de Estado del Vaticano. Y me deja atónito la noticia relativa a la creación de este nuevo Partido que no se sabe muy bien qué nombre lleva, pero que algunos han bautizado como el Partido del Papa, y que se caracteriza por querer llevar a la arena política el ideario cristiano.
Me pregunto si al Vaticano podrá llevarse algún día un ideario social y laicista de organizaciones no religiosas.
Pero al margen de la pregunta fácil, no puedo evitar hacerme eco de la crítica contundente que lanzó el otro día el St. Ratzinger a lo que el llama cultura de la muerte. Los que defendemos que el laicismo es un principio inexcusable que ha de regir toda sociedad democrática, encontramos a la curia vaticana afirmando lo contrario, y envenenando el aire que se respira sosteniendo cosas tales como que la religión ha de tener una presencia palpable y notoria en la vida pública. Es claro que este planteamiento choca directamente con los posicionamientos laicistas, que consideran a la religión como algo propio del ámbito privado de cada individuo, sin que pueda influir en todo el entramado social.
¿Qué considerará el Sr. Ratzinger que se debe hacer con aquellos que profesan otras religiones tan verdaderas como la suya? ¿Habrán de someterse musulmanes y ateos, por citar dos ejemplos, a los dictados y principios cristianos?
No es posible a estas alturas ignorar que la Iglesia Católica ha tomado una deriva que la llevará a un enfrentamiento con gran parte de los entramados sociales europeos. Para muchos ciudadanos la Iglesia ya no es el vehículo cómodo en el que viaja la religión, sino que es política partidista pura y dura, y además alineada con un bando concreto: con la derecha más conservadora, arcaica y petrificada por el tiempo.
No es buena esta mixtura político religiosa en la que un partido es una religión y una religión un partido. Y miedo me da que la derecha española haya entrado también en este juego. Más teniendo en cuenta el precedente histórico de nuestro país.
De todos es sabido que las sociedades democráticas se han construído sobre la base de la aceptación de las diferencias de pensamiento y de credo ¿por qué las religiones -enfrentadas en muchos casos con los modos de vida actuales de forma visceral- han de regir la vida de aquellos que no las profesan?
Eterna pregunta que no contestará el Teocon o movimiento conservador en torno a dios… a un dios.

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